Lo que natura no da… ¿Salamanca sí lo presta?

 

Una mañana de la semana pasada, en el errático desayuno de mi familia, empezó una conversación alrededor de los libros, y mi niño de cuatro años dio señas de no estar entendiendo nada. Pero nada de nada. Así que traté de repasarle el principio para poder seguir adelante.

–¿Y para qué sirven los libros? –pero siguió en silencio.

Hice ademán de abrir un libro, de leerlo, y repetí la pregunta–: ¿Para qué usamos los libros, Félix?

Él, inseguro de lo acertado de su respuesta, respondió: –Para… ¿para traducir?

Tuve que hacer esfuerzos por no reírme, y lo abracé, tragándome la risa. Supongo que no he debido sorprenderme tanto con lo que dijo, pues en los últimos meses hemos estado leyendo libros traducidos por mí, en los que le señalo el sitio con mi nombre. Y sabe que ese rimero de hojas sueltas e impresas, llenas de subrayados y anotaciones de colores, es el “libro” de turno que estoy traduciendo.

Quizás por eso me dio gusto encontrarme con la siguiente frase en la novela que estoy leyendo:

Maletín ABC

“Recuerdo que el día que entré al jardín infantil cargué con una maleta de cuero de ABC con tres libros que me encontré en la biblioteca, El príncipe, El verano del lobo rojo, El Código Penal de la República de Colombia, porque me daba vergüenza ser el único de la casa que no andaba por el mundo lleno de papeles”.

 

Fue un alivio ver, justo cuando temí que el entorno familiar distorsionara tanto la realidad, que eso podía suceder en cualquier otra familia, en todas las familias.

Tal vez Salamanca no preste lo que natura no da, pero “la universidad de la vida” sí. Aunque tal vez en estos dos casos debía decir más bien “el kínder de la vida”.

 

El libro que estoy leyendo es Historia oficial del amor, de Ricardo Silva Romero (Alfaguara, Bogotá, 2016), y ese fragmento aparece en la p. 204.

La foto corresponde al típico maletín de preescolar que se usó en las ciudades colombianas en los años setenta, al que se refiere el narrador del libro, y que se sigue fabricando para adaptarse incluso a los estudiantes universitarios, que lo consideran un objeto vintage.

 

 

2 comentarios en “Lo que natura no da… ¿Salamanca sí lo presta?

    1. Creo que esa maletica era como la “oficial” para el ingreso al colegio, y ahora es casi un objeto de culto, según he leído. El que la tuvo es el autor/narrador de la novela que cito. Yo tuve un morral verde oliva con tiras de cuero, parecido a los que tenían mi papá y mi abuelo para ir al monte los fines de semana. Y recuerdo soñar con tener la maletica ABC.

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