Kalandraka y los traductores invisibles

Kalandraka es una sonora palabra gallega que quiere decir basura, desastre y también sopa. Es también el nombre de una admirable editorial que comenzó publicando libros para niños en gallego, para llenar el vacío de libros ilustrados o álbumes para los más pequeños en ese idioma. Y tan bien le fue que a partir de su fundación, en 1998, se ha colado en el mercado del libro en español, en catalán y en portugués. Incluso, se han lanzado a aventuras tan increíbles como publicar clásicos modernos en lengua maya. Sus libros se consiguen en librerías de este lado del Atlántico también.

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Yo los había visto en la librería para niños que frecuento, y luego los encontré en una venta organizada por una promotora de lectura en su casa. En ambos lugares me he visto en la difícil situación de decidir cuál comprar entre la muestra que veo… que si un clásico de Gianni Rodari, que si un cuento cargado de humor de un autor chino, que si uno de los muchos libros de texto breve e imágenes maravillosas de este boom de la ilustración que se vive actualmente en España, o uno de los recuperados libros en los que colaboró Maurice Sendak, que tras una primera publicación hace varias décadas, no habían vuelto a imprimirse. ¡Mi problema es que quisiera llevármelos todos! Como no puedo, suelo encargar a mi pequeño “catador” de libros de 4 años, y es él quien escoge.

NicomedesDe la venta en casa salí con tres libros de esta editorial (dos de Maurice Sendak y otro, de obligada lectura diaria desde entonces: Nicomedes, el pelón, de Pinto & Chinto). Uno de los primeros era en realidad un libro  ilustrado por Sendak pero con textos de una autora desconocida para mí, Else Holmelund Minarik, y forma parte de una serie de varios libros sobre “Osito”. Tienen ese sabor añejo de libros para lectores de generaciones anteriores, y las ilustraciones de Sendak, recordando los grabados iluminados del siglo XIX, contribuyen a darle esa apariencia. No sé si ese toque de pátina era una intención, o si simplemente se deba a que los libros fueron publicados inicialmente en los años cincuenta, y lograron sobrevivir a los embates del tiempo. Hoy en día se ven como libros un poco retro, y no como vejestorios. El de Nicomedes fue recomendación de Tessie, la promotora de lectura que organizó la venta, y ha sido el éxito total en mi casa. Pasó a convertirse en una especie de parámetro para definir toda una cantidad de situaciones… que tal cosa es como lo que le sucedió a Nicomedes. Que tal otra es como para el gato de Nicomedes.

Como lectora, y como madre de un pequeño “lector”, no tengo más que palabras elogiosas para esta editorial. Como traductora, no puedo dejar de pensar que me encantaría trabajar con ellos. Libros de edición cuidada, pasta dura, papel suficientemente grueso como para hacer lucir las ilustraciones, bien impresos, con aire alrededor del texto y, sobre todo, libros buenos, interesantes, divertidos. Pero al mirarlos en detalle, descubre uno que el crédito de traducción aparece únicamente en la página de textos legales, que ningún lector lee, y menos los lectores infantiles. No deja de ser curioso que una editorial que publica libros en varias lenguas y que, por lo tanto, necesita un cuerpo de traductores para cumplir con ese objetivo, les dé tan poco reconocimiento. Los traductores parecieran quedar satisfechos con el calibre de los textos en los que trabajan, con la belleza de las ediciones, pero ¿no sería mucho más apetecible que sus nombres figuraran en la portada de los libros? No me refiero a la carátula, sino al menos a la portada interior. ¿Acaso el traductor no es tan importante como el autor o el ilustrador en el impacto y la recepción que pueda tener un libro? 

Esta entrada del blog hubiera podido llamarse también, en homenaje a Ortega y Gasset, “Miseria y esplendor de la traducción” porque en realidad una editorial que tiene como pilar de apoyo la traducción debería hacer más énfasis en ese punto. Partiendo de textos originales tan esplendorosos, los traductores han hecho una labor que no se queda atrás en calidad pero, a cambio, el reconocimiento que se les da es una miseria (a menos que les paguen cuantiosos honorarios y regalías, cosa que desconozco). Ya que la editorial nació precisamente de reconocer la necesidad del público infantil de contar con libros y textos en lenguas regionales (autonómicas, ¡perdón!) para afianzar su conocimiento y dominio de ellas, y que sus libros son un homenaje a la lectura, ¿no podría ir más allá, reconocer también a los traductores y tener en cuenta su crucial papel en el proceso para que esos lectores tengan acceso a los esplendorosos textos?

Por mi parte, seguiré comprando libros de Kalandraka pues vetarlos por las razones anteriores me parece excesivo. Pero ojalá que sus traductores señalaran esta falta y juntos, unidos, lograran que en futuras ediciones su nombre aparezca, esplendoroso, en la portada, y no en la miserable página de textos legales. ¡Que se lea alto y claro a través de quién nos hablan esos autores y quién le presta voz e ingenio a esos maravillosos libros!

2 comentarios en “Kalandraka y los traductores invisibles

  1. De acuerdo, Mercedes, los traductores merecen tipografías más grandes y relevantes. Incluso no sobraría incluirlos, al lado del autor y del ilustrador, en las pequeñas biografías que se ponen en las solapas. Dirán que exagero y que pronto hasta el editor y el corrector de estilo pedirán cupo para mojar tinta, pero considero que la edición de un libro es una obra colectiva, plural, con aportes conjuntos que deben ser destacados. Y sí se me hace raro que Kalandraka, que es una editorial reconocida en el ámbito hispánico de libros para niños, invisibilice a un protagonista de todo el proceso.

    1. Estoy de acuerdo contigo en que el libro es un trabajo de equipo, Carlos, y tuve la suerte de figurar como editora o correctora de algunos en otros tiempos. En el caso de los traductores, sin ellos no habría texto sobre el cual trabajar. Yo creo que debían figurar en la portada del libro. Y me encantaría que en los catálogos en línea de las editoriales existiera, tal como tienen un listado de autores y otro de ilustradores, uno para traductores.

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