Frases al vuelo sobre traducción en la FIL Guadalajara

SJ 2015

 

Al vuelo intento plasmar las frases oídas en algunas de las ponencias de este congreso (San Jerónimo 2015, Organización Mexicana de Traductores – Feria Internacional del Libro de Guadalajara, 28 y 29 de noviembre) para que su eco no se pierda. Prometo volver sobre algunas de ellas con más calma, pues sugieren unos cuantos temas de reflexión, y esa reflexión merece darse, pero por el momento no puedo dedicarles más tiempo que esta mención.

Un contrargumento para los que aún dan la batalla sobre la imposibilidad de la traducción:

“Que la traducción perfecta no exista no quiere decir que sea imposible traducir”. SP

Dos maneras de expresar el carácter interminable de la labor de traducir:

“No debe haber una versión definitiva de un texto literario, no puede ni debe (…) no se debe aspirar a algo terminado o acabado”. JAC

“La equivalencia es algo que se construye”. SP

Tres ideas revolucionarias sobre la recepción de las traducciones por parte del público y la crítica:

“La traducción no puede hacer lo que la obra original no hace: gustarle a todo el mundo”. SP

“El resultado de la labor del traductor no debe buscarse tanto en la traducción en sí, sino en la interpretación que hace el lector del texto traducido”. SP

“En traducción literaria, lo verdaderamente imposible es la traducción literal”. JAC

Una bomba demoledora para el método tradicional de aprendizaje de lenguas extranjeras:

“El dominio de una segunda lengua depende en buena medida del nivel de dominio que se tenga de la lengua materna”. RD

¿Quiénes las dijeron?

Tres agudísimos traductores que además no dejaron de añadir un toque de humor e ironía a sus afirmaciones: José Aníbal Campos (JAC), traductor de literatura alemana y suiza; Radina Dimitrova (RD), búlgara, traductora del chino y otra variedad de lenguas; Svetlana Pribilowska (SP), traductora del inglés.

¡Gracias a los tres por acicatearnos las ideas!

Los tres aparecen en esta compilación de fotos: Video San Jerónimo 2015

4 comentarios en “Frases al vuelo sobre traducción en la FIL Guadalajara

  1. Curiosamente siempre he pensado, como Radina Dimitrova, que “el dominio de una segunda lengua depende en buena medida del nivel de dominio que se tenga de la lengua materna”, aunque me quedaría difícil probarlo. Lo que confieso no entender es por qué dices que es “Una bomba demoledora para el método tradicional de aprendizaje de lenguas extranjeras”.
    Gracias por estas píldoras de rumia.

    1. Tal vez fui demasiado vehemente, Ramiro, pero tras años de enseñar traducción en pregrado y posgrado, una de las cosas que cada vez me sorprenden más es el bajo nivel de español de los estudiantes. La enseñanza de español y lenguaje es pobre, los hábitos de lectura casi inexistentes, y cuando llegan a aprender una segunda lengua, los profesores se concentran en el enfoque comunicativo. Claro, es divertidísimo escenificar los típicos diálogos de clase de inglés, pero un estudiante que lea, que sepa escribir, seguramente también se preocupará por leer y aprender a escribir en la segunda lengua.

  2. Me pregunto con frecuencia a partir de qué punto se puede comenzar a hablar de que existe un dominio cabal de un idioma. ¿Se mide por la cuantía de vocablos del léxico que se conocen y de la posibilidad de determinar, sin consultar diccionarios, su etimología, así sea de modo vago? ¿Por el dominio de las conjugaciones tanto de verbos regulares como irregulares? ¿Por el conocimiento, o al menos la intuición acertada, del correcto régimen preposicional? ¿Por el dominio de una amplia variedad de estructuras sintácticas, la capacidad de reconocerlas y la destreza para modificarlas, retorcerlas, simplificarlas o complejizarlas? ¿Por la precisión en la puntuación? ¿Por la profundidad en el conocimiento de la gramática? La lista podría seguir tanto en amplitud como en detalle a partir de enunciados que constituyan ramificaciones de cualquiera de estos temas. Todos, sin duda, tienen incidencia en el nivel de dominio que se tenga de una lengua. Pero si la vida entera no nos es suficiente para acabar de dominar todos los campos referidos o imaginables en la lengua materna, me pregunto cómo se puede llegar a dominar una lengua distinta de la propia, y, más aún, cómo se puede pretender el dominio de varias. Esta duda, y la constante insatisfacción en el domino de mi lengua materna me disuaden de cualquier intento de comenzar con una segunda antes de haber digerido a plenitud la primera —tarea que, lo sé, jamás terminaré—, porque la desesperación ante la duplicación o triplicación del reto, que con una sola ya siento gigantesco, me amilana.
    Supongo que tener un conocimiento profundo de la primera lengua facilita el aprendizaje de una segunda, y no faltará quien diga que el conocimiento de otra lengua contribuye a comprender la propia, pero temo que también podría incrementar la desconfianza en el avance del conocimiento de la primera, en parte porque el tiempo que se le dedica a la segunda se le restará a la primera, en parte porque los dos conocimientos con frecuencia producirán cruces de cables que redundarán en mezclas cuyos resultados son indeseables en ambas: fallas en los campos sintáctico y semántico que se observan con mucha frecuencia en personas que chapucean en dos aguas sin nadar bien en ninguna, y evidencian al final un lamentable mestizaje lingüístico cuando se expresan (solo ahora caigo en la cuenta de que soy racista lingüístico).
    Mis respetos a los traductores competentes, por hacer frente a dos o más de esos retos que me parecen sobrehumanos. Siempre estoy tentado a decir del propio idioma: la lengua materna es aquella en la que nos movemos como peces en el agua, esa que respiramos con la misma facilidad con que respiramos el oxígeno, sí, esa misma, esa gran desconocida.

    1. Agradezco lo que me toca de ese reconocimiento al final, Édgar. Y tomo dos cosas que me dejan pensando de tu comentario para ponerme a hilar por mi lado. 1. El “racismo lingüístico”: creo que bien valdría una buena conversada esa idea. Pero creo también que muchas veces una lengua ha alimentado a otra a través de la traducción y ha contribuido a fortalecerla. Lo difícil es poner la línea de hasta dónde hay una influencia “nutritiva”, por llamarla de alguna manera, y en dónde empezamos a hablar más bien de una interlengua, que no es ni una ni otra. 2. El dominio cabal de una lengua: la idea planteada por Radina Dimitrova para mí fue como un relámpago iluminador. La posibilidad de dominio de otras lenguas siempre va ligada al que tengamos de la materna. Y eso me lleva a los muchos puntos específicos que enumeras de conocimiento de una lengua, y si eso me parece fundamental para un traductor. Sí, pero creo que en realidad lo que necesita saber un traductor es leer en una segunda lengua. Leer de manera que vaya más allá de las palabras para ver claramente el mundo que estas describen, y que ese mundo le permita resolver las cuestiones lingüísticas que le pueda presentar el proceso de traducir. La cuestión ameritaría un post completo, creo yo.

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