¿Escribir en inglés o en español? He ahí el dilema

Paso mis días acaballada entre el inglés y el español, y no porque oiga música en inglés y vea televisión o películas con subtítulos, sino porque mi trabajo y mis gustos literarios, además de otras actividades extralaborales, implican leer en inglés, pensar en inglés y, en mucha menor medida, escribir en inglés.

En una época en la que la obsesión por la cantidad de público y la legión de seguidores que pueda uno llegar a tener, la idea de escribir este blog en inglés se me pasó por la cabeza. Así como también dudé de hacer mi perfil en LinkedIn en español. Solo que ahí le decisión fue más sencilla: cuando uno traduce libros al español, sus clientes suelen ser de habla hispana. No tiene mucho sentido figurar en inglés.

El blog vino un año después que la afiliación a LinkedIn, y la temporada que pasé dándole vueltas a la idea incluyeron el asunto del idioma. Algo que me llevó a pensarlo aún más fue haber colaborado en la tarea de recopilar un listado de blogs y páginas web de interés para traductores literarios de una asociación estadounidense. Como la lengua común entre todos ellos es el inglés, la mayoría de los que reunimos en el listado están en ese idioma, junto con varias revistas literaria electrónicas. Al visitarlos uno por uno para comprobar los enlaces, me quedaba leyendo un artículo aquí, una entrada allá, otra más allá, y me quedó una sensación difícil de definir: a pesar de que podía leerlos y seguirlos, su contenido no necesariamente me resultaba interesante, o pertinente. El supuesto impacto global no tiene que ver únicamente con el medio, sino también con el contenido. Contradiciendo a McLuhan, aquí el medio (el idioma) no siempre es el mensaje.

Eso me llevó a otra cuestión: ¿Me interesaba el alcance medido en cifras frías? Me di cuenta de que no. Si me lanzaba a escribir y publicar en internet era más bien por la posibilidad de encontrar interlocutores para continuar la conversación. Sigo los blogs de dos colegas argentinos que escriben en inglés y, aunque sus temas son interesantes y dejan mucho para pensar, mi principal motivo para leerlos es el puro deleite que me produce su estilo y sus modos de exposición y argumentación. ¿Sería yo capaz de llegar a ese nivel en inglés? En principio parecería que sí, pero… creo que bastará con una anécdota de la etapa final de mi maestría en Inglaterra. A un par de días de la fecha de entrega de la tesis, fui a recoger el borrador del último capítulo a la oficina de mi tutor, que me había citado para entregarme su revisión y que yo pudiera escribir las conclusiones y presentar todo a tiempo. Llevábamos más de tres meses trabajando en esa tesis, y sus correcciones hasta el momento habían sido meras anotaciones dispersas sobre asuntos de estilo y sintaxis. Nada de fondo. En esta última visita, me recibió con la pila de papeles en la mano y una sonrisa, para soltarme algo así como “¡Al fin entendí adónde pretendías llegar!”. Me dio gusto, porque ese comentario implicaba su aprobación. Pero una vez que pasó la euforia inicial, me sentí terriblemente frustrada. Tres meses de reuniones, resúmenes, borradores, no habían servido sino apenas para que él me permitiera seguir adelante al ver que yo parecía tener muy claro lo que hacía, pero en todo ese tiempo no había logrado explicarle mi derrotero. Otras experiencias posteriores con resultados semejantes me han dejado sinsabores. Así que me importaba evitar ese amplio margen de imprecisiones de interpretación.

Por otro lado, en español conozco mejor los recursos que tengo disponibles a la hora de escribir. En inglés me puedo hacer entender, pero no me siento del todo segura de los significados y los giros. Me resbalo en la argumentación. Dudo a la hora de escoger una preposición. No cuento con el vocabulario suficiente para sentirme a mis anchas llenando una página, sino que tengo que recurrir mil veces al diccionario. Sé que en español también debo tener mis falencias, pero me siento más confiada de mis propias capacidades y puedo improvisar como un músico de jazz en una sesión de jamming. En inglés, soy ese mismo músico con una mano atada o un oído tapado. Puedo tocar, pero no con el nivel del que me creo capaz.

A lo anterior se suma una sensación de bloqueo e incomunicación que sentí en mi primera estadía en Inglaterra y que luego se ha repetido en otras temporadas en países de habla inglesa: el grado cero de pensamiento (obvia alusión a Roland Barthes). Mi cerebro se bloquea, no entiendo lo que me dicen ni logro armar una frase coherente. Percibo sensaciones pero soy incapaz de expresarlas con lenguaje. Es como si de repente ya no pudiera pensar y me siento encerrada en mi propio ser: nada entra, nada sale. Mi remedio para reducir la incidencia de ese grado cero de pensamiento ha sido un gradual cambio de canal lingüístico. Si necesito trabajar en inglés o viajar en inglés, paso a leer en inglés unos días antes. Cuando ya no lo necesito, vuelvo al español. Supongo que me resultaría muy difícil vivir en un code-switching cotidiano entre inglés y español. En esas situaciones, buena parte de mi capacidad para pensar se perdería por entre las grietas y brechas entre ambos mundos. No soy bilingüe, eso lo reconozco, pero tampoco creo que tenga que serlo para ejercer mi oficio, que implica leer en inglés y escribir en español.

Hace muchos años, uno de mis alumnos de traducción me comentó que había descubierto que traducía con mucha más facilidad y soltura luego de leer algo bien escrito. Jaime escogía un par de buenos artículos o un capítulo de un libro, los leía, y luego pasaba a sentarse a traducir. En esas descubrimos, por ejemplo, que la crónica deportiva puede producir excelente material en términos de recursos estilísticos, porque Jaime, este antiguo alumno, era además un hincha de fútbol tan comprometido que llegó a convertir a las niñas de su curso en el mejor equipo femenino de la universidad, haciendo de director técnico, y además escribía crónica de fútbol. Y tenía razón: las lecturas de los ratos de ocio alimentan mi arsenal de vocabulario y maniobras literarias. Podría decir que funciono como un vampiro: me nutro de otros textos para poder traducir con calidad suficiente (y si a eso agregamos que un traductor no podría hacer su trabajo sin la “sangre” del original, soy vampiro por partida doble).

Tampoco sobra escribir un poco para poner en práctica lo que aprendo en mis lecturas. Llevar un diario o escribir un emails a la antigua manera epistolar, con reflexiones y narración es como hacer calentamiento antes de una competencia deportiva. La traducción de libros es una maratón. Mis otros escritos me ejercitan para traducir mejor. ¿Por qué desperdiciar esa oportunidad de entrenamiento al escribir en inglés y no en español?

Así que la decisión fue hacer el blog en español, a sabiendas de que eso reduciría mi “impacto global” por restarme alcance entre el público lector. Lo paradójico es que, tras casi dos meses de publicar textos en el blog, al mirar las estadísticas y la distribución geográfica de mis lectores (perdón, vengo de una familia de geógrafos, así que esas deformaciones científicas son casi hereditarias), veo que están dispersos por los cinco continentes. Claro, en Asia, África y Oceanía hay contadísimos lectores, pero los hay. No me lo esperaba. En Rusia, Turquía, Marruecos, Australia, Argelia e Israel me han leído. Tampoco me esperaba que el número de lectores en España y Estados Unidos fuera casi el mismo que en mi país de origen y en mi país de adopción.

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Miro el mapa que me ofrece mi plataforma virtual, con los países “conquistados” coloreados en tonos del amarillo pastel al rojo fuerte (según la cantidad de lectores) pero, en lugar de sentirme como esos estrategas que comandan batallas y avanzadas desde lejos,  me identifico más con la misión del Capitán Kirk en su nave espacial Enteprise: “to boldly go where no man has gone before” (el doblaje para América Latina hablaba de “llegar a donde jamás ha llegado el ser humano”). Porque la lengua, más que conquistar mundos, los fabrica. Y así me ha resultado: el español llega lejos, sobre todo cuando uno se desprende del lastre del complejo de inferioridad y se equipa con una buena batería de recursos.

 

Los blogs que sigo y con los que tanto me deleito:

– Translator’s digest, de Paula Arturo, http://translatorsdigest.net/category/blog/

– Wordsmeet, de Mario Chavez, https://wordsmeet.wordpress.com/

La recopilación de blogs y páginas web sobre traducción literaria, en el sitio de la División Literaria de la American Translators Association: http://www.ata-divisions.org/LD/index.php/blogs-on-literary-translation/

13 comentarios en “¿Escribir en inglés o en español? He ahí el dilema

  1. ¡Buen día!

    Me encantó tu nueva entrada. Gracias por invitarme a pensar cuestiones que como traductora científica suelo rumiar en silencio. Será porque soy una traductora literaria frustrada, nunca me animé, y una lectora y escritora compulsiva que esta entrada fue particularmente interesante.
    Me gusta tu estilo.
    Un saludo,
    Alejandra

  2. Me da gusto recibir tu comentario, Alejandra, porque a veces siento que los traductores no literarios poco se preocupan por este asunto de leer y escribir, y conocer las herramientas de la lengua más allá de la gramática. Y es que la ciencia también requiere mucho de técnicas de argumentación, y de literatura… no en vano construye una forma de ver el mundo.

  3. Una pequeña anécdota: hace un par de años, en Nueva York, estaba en el metro hablando con mi esposa cuando un pasajero dominicano, queriendo ayudarnos a zanjar una discusión de turistas que teníamos, nos dijo algo. En ese viaje el intérprete era yo por cuestiones de familiaridad con el inglés, y estaba predispuesto a que todo aquél que nos hablara distinto a mi esposa lo hiciera en ese idioma. No reconocí lo que nos dijo el dominicano por más que lo dijo tres veces. Mi esposa tuvo que informarme, bastante perpleja, que el hombre nos estaba hablando en perfecto español para que finalmente yo bajara el switch y reconociera mi lengua materna.

    1. Muy cómico, Humberto. Puede ser que ahí también entre el asunto de los acentos. Cuando vivía en Inglaterra, una vez compartí un taxi de la estación de tren a la universidad con otro estudiante, del norte del país. El taxista era pakistaní de segunda generación, como era frecuente en esa región. Lo chistoso fue que mi compañero de taxi y el chofer, a pesar de ser ingleses (nacidos y criados en el mismo país), no se entendían. Tuve que hacer de intérprete, y estoy segura de que mi desempeño fue pobre, pues ambos acentos me resultaban a duras penas comprensibles. Llegamos a la universidad, eso sí, y no nos cobraron una suma exorbitante, así que la meta principal se logró.

  4. Interesante reflexión… yo vivo en un cambio permanente y cotidiano entre el alemán y el castellano… sin embargo me encuentro muchas veces ante la encrucijada de que para decir lo que quiero solo se me ocurre la expresión en alemán… y tengo que empezar a pensar en cómo traducirla a mi idioma materno… a veces no se puede. Pues el lenguaje va más allá, está transmitiendo una manera de ver el mundo… una cultura. Por ello admiro a los traductores literarios… pues en realidad ciertos textos son por así decirlo intraducibles y al tratar de hacerlo se está creando una nueva obra!

    1. Cuando escribí sobre mi dificultad para andar saltando de una lengua a otra en forma cotidiana, sabía que me iba a encontrar con gente que vive en esas circunstancias, y que no tiene más remedio que aceptarlo. La pregunta es: ¿cómo te sientes cuando traduces al español? ¿Te sería más fácil traducir al alemán? En mi caso, cuando viví “en inglés”, escribía mejor en inglés. Bueno, al menos con más fluidez. Ahora, que vivo en español, me cuesta mucho. Si tengo que escribir emails o reportes en inglés, cosa que me sucede con cierta frecuencia, me toman el doble de lo que me tomaría hacerlo en español.

  5. ¡Hola, Mercedes!

    Me encantó tu post. Siempre es un placer leer tu blog; primero porque admiro tu estilo y segundo porque siento que escribes desde el corazón. Con respecto a la pregunta que inspiró tu post, nunca dudé de escribir mi blog directamente en inglés porque es la lengua de mis emociones. Dicen que las personas bilingües tenemos un idioma dominante. En mi caso, debido a los lugares y las circunstancias en las que fui criada, si bien soy argentina, mi lengua dominante es el inglés. Cuando escribo en español me siento terriblemente insegura y me encuentro consultado la Real Academia y mis diccionarios de dudas a cada rato. Eso me saca un poco las ganas de escribir. Mi blog tiene la particularidad de ser muy “light” y con posts cortos, y tener que pasar más tiempo pensando en la forma que en el contenido me desmotiva. Un blog no tiene éxito si no se escribe con el corazón, uno lo ve en esos blogs que están claramente diseñados para la auto-promoción y tienen pocos seguidores. La gente que quiere leer cosas que los toque en un nivel humano y eso solo se logra escribiendo con algo más que la mera racionalidad e intención. Hay lectores para todo el mundo en todos los idiomas, lo importante es conectarse con el lector y creo que eso se logra mejor cuando uno escribe en su lengua. Por eso creo que tomaste la decisión correcta al elegir el español.

    ¡Un abrazo!
    Paula

    1. Gracias, Paula, aunque en realidad no veo cómo podría tacharse tu blog de “light”. Al menos a mí siempre me deja pensando… que si en asuntos de contratos, o en las similitudes entre científicos y traductores, o entre filósofos y traductores, o entre corredores y traductores… Yo lo que veo son intentos muy interesantes y casi siempre iluminadores por explicar facetas de la traducción desde ángulos novedosos, y desde otras disciplinas.

  6. Mi querida Meme:
    Me emociono mucho leyendo tu blog, en especial este, del cual soy protagonista silenciosa ya que fui una de las niñas a las cuales Jaime entrenó y porque ademas fui una de tus discípulas. Por mi parte me siento cómoda escribiendo en español pero extrañamente todo fluye asombrosamente en inglés. Muchas gracias por tus reflexiones.
    Abrazos,
    Ivanna

    1. Interesante, Ben, aunque sugeriría una revisión de los textos en español del sitio. Y valga la pena advertir para los posibles interesados que el sitio se especializa exclusivamente en traducción científica.

  7. Si me permites, yo pienso que dependerá si te quieres dirigir a un hablante español o inglés, pero para nada el español te cierra puertas al contrario. Y sobre todo debes escoger el idioma en el que te sientas más a gusto.

    1. Mi pregunta inicial era otra, Vanesa. En estos tiempos donde el éxito de un blog o de un perfil se mide por la cantidad de seguidores o de “Me gusta”, escribir en inglés me hubiera asegurado una mayor difusión. Hay más gente que habla o entiende inglés en el mundo. Pero, como dices, me siento más a gusto en español, y en realidad lo que quería era tener un espacio para escribir y desarrollar mis ideas, no tanto un podio para predicar y atraer seguidores.

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