El vocabulario en los libros para niños

Acabo de traducir un libro sobre ecología y sostenibilidad para niños, que me puso en una situación algo paradójica pero frecuente en libros de divulgación o de corte educativo. En inglés, la lengua de la cual traduzco, el acercamiento a temas científicos pasa por una etapa inicial en la que no se usan términos especializados sino una especie de glosario paralelo formado por palabras más cotidianas, que hacen de la transición al entorno científico una pendiente suave y uniforme, sin escalones ni curvas. En español, en cambio, nos lanzan en picada al terreno de la ciencia y las cosas se llaman por su nombre científico desde el principio. ¿Un ejemplo? Esos huesos que para nosotros se llaman fémur y rótula desde la primaria, en inglés son big bone y knee cap para los legos, y femur y rotula para los médicos.

¿Y dónde está la paradoja? En que muchas veces tratamos de apegarnos al tono más elemental del original en inglés, y el español sencillamente no se presta para eso, pues tenemos más definida la frontera entre cotidianidad y ciencia. Sé que a muchos colegas que traducen al español en  Estados Unidos, clientes y agencias pueden solicitarles que la traducción se haga en un lenguaje para nivel primaria. Y pondrán reparos al encontrar fémures y rótulas, sin querer entender que no tenemos otras alternativas equivalentes, tal como no hay otro término para decir “mesa”.  No me he visto ante una exigencia semejante, pues mis editores suelen confiar en mi criterio, pero a veces me pregunto si habría otras alternativas en español.

En el caso específico del libro que estoy traduciendo, Not your typical book about the environment (ver referencia completa al final), he tratado de respetar en la medida de lo posible el afán de divulgación. Tomemos por ejemplo la página dedicada a explicar las energías alternativas:

Not your typical book about the environment

Como no logré una imagen muy nítida, las enumero: Volcanoes, Water, Sun, Wind, Tides, Nuclear, French fry fuel, Alcohol. Confieso que encontrarme con que no todas pertenecían a la misma categoría verbal y que el adjetivo nuclear se colaba entre puros sustantivos me hizo dar un respingo. Es el tipo de cosas que me hubiera costado dejar pasar como editora. Pero eso es otro asunto. Para traducir, probé primero a dejar los nombres de los tipos de energía (“geotérmica”, “hidroeléctrica”, “solar”, “eólica”, “marina”, etc.) en el título de cada miniapartado, pero me di cuenta de que traicionaba el espíritu del libro. Por más que me parezca que el estilo de exposición científica en español bien aguanta dar el salto directo a los términos especializados, es claro que este libro pretende mostrar que las soluciones a los problemas ambientales actuales están a la mano, en objetos, fuerzas y procesos que vemos cotidianamente. Y por eso, como traductora, también debo ser fiel a esta intención. Así que usé una traducción más literal en el título de cada apartado, y luego el término especializado en el texto de cada uno, cosa que el original no necesariamente hace. En español hubiera sonado muy poco científico decir que la energía de los volcanes se obtenía de las piedras calientes en lugar de del calor o la temperatura en una explicación más especializada y mencionar la energía geotérmica. En los demás apartados procedí de manera similar. Quienes exigen una simplificación del lenguaje para los niños pasan por alto el hecho de que bajar de registro determinados temas también les resta seriedad y credibilidad.

¿Otras dificultades? El adjetivo green, usado tan libremente en inglés para calificar algo cuyo impacto ambiental es menor o nulo, no siempre puede traducirse como “verde” pues en muchos casos se presta a malentendidos si llega a entenderse de manera literal. Por eso, la mayoría de las veces se convirtió en “ecológico/a” aunque no se apegara a la simplificación del original en inglés.

Una más: el prefijo “eco” que se añade a cualquier palabra para denotar su carácter ecológico: eco-friendly; eco-fabrics; eco-farming. El uso de afijos no es tan espontáneo en el español escrito como en las lenguas de raíz germánica (inglés incluido), y menos si nos las vemos con un texto cuya longitud debe restringirse al espacio que dejan libre las ilustraciones, como en este caso. De manera que esas expresiones se convirtieron en su versión “desenrollada”, “ambientalmente amigable” o “sano”, o se cambió el prefijo por la aposición de “ecológico/a”.

Y un cambio que sugerí, pero falta ver qué deciden los editores: en cada capítulo del libro se presenta un concepto importante relacionado con sostenibilidad y ecología, y se ofrece algo semejante a la entrada de un diccionario. Está la palabra, con su partición en sílabas visible,  y su categoría gramatical, para luego dar la definición. La partición en sílabas es habitual porque separar sílabas en inglés no es tan sencillo ni evidente como en español. Para la versión traducida, agregué el género del concepto por ser un dato habitual en español, y omití la partición en sílabas. No hace falta indicar dónde partir “bioimitación” o “huella ecológica” o “economía ecológica” pues ya lo sabemos.

Los intentos de simplificar el lenguaje en los textos infantiles en inglés a menudo resultan infructuosos en español. Y no solo porque a veces no hay más opción que los términos especializados o las palabras cultas, sino también porque en español los parámetros del lenguaje literario (o científico) parecieran apuntar a un registro más alto que el del lenguaje oral, que es al cual tienden los textos en inglés.

Habrá muchos que vean en este aspecto un factor que desestimula a los lectores en formación, pero yo considero que esa es una conclusión apresurada, surgida en muchos casos en adultos que tampoco tienen el hábito de leer. En el caso específico de los textos divulgativos, tenemos una ventaja para los lectores principiantes: suelen ser textos que parten de un terreno conocido para adentrarse en lo desconocido. Un lector atento, capaz de leer verdaderamente y comprender el texto, no va a enredarse en la complejidad de las palabras porque ha captado lo que hay tras ellas. Que el espécimen o proceso del cual se hable tenga un nombre de dos sílabas o que sea un polisílabo con diptongos y combinaciones de varias consonantes no afecta la comprensión del fondo. Claro, puede derivar en equívocos cómicos, cuando los pequeños lectores se ven ante una palabra trabalenguas y les cuesta repetirla, pero comprenderán el concepto. Y eso es lo que importa. Si el texto original contiene una exposición clara del tema, con una progresión gradual hacia terrenos especializados, y el traductor es capaz de reproducir todo eso, las dificultades terminológicas son irrelevantes. Sería como si las familias con niños pequeños siempre vivieran en casas sin escaleras por considerar que el esfuerzo físico de subirlas es excesivo para los niños de esa edad, y que más vale esperar a que crezcan un poco. Creo que ningún padre ha disuadido a su bebé de subir o bajar gateando las escaleras, como no sea por motivos de peligro.

No sobra abordar otro aspecto que puede ser crucial en este terreno de las dificultades al enfrentarse por primera vez a una palabra desconocida, y que marca una diferencia entre inglés y el español: en español, si ya sabemos leer, somos capaces de leer mentalmente o en voz alta cualquier palabra, aunque algunas nos tomen más tiempo y unos cuantos intentos antes de lograr leer o pronunciar de corrido. En inglés, en cambio, la pronunciación de muchos fonemas es irregular, y varía según la secuencia de fonemas en la que vengan inscritos. Alguien que aprenda inglés tiene que entender y memorizar tres aspectos diferentes de cada palabra: cómo se escribe, cómo se dice y su significado. Es tan marcado este problema que un hablante nativo de inglés que ve una palabra por primera vez duda de cómo pronunciarla y es muy probable que se base en la mera intuición. No hay normas fonéticas que lo guíen sin falla, porque la cantidad de excepciones a cada una es notable, aunque el conocimiento de raíces y etimología puede ayudar. En español, en cambio, si sabemos cómo se escribe una palabra, podemos pronunciarla, o viceversa (salvo la eventual duda ortográfica). Quizás se deba a este rasgo lingüístico que el salto al lenguaje especializado en inglés sea una progresión gradual, y que en muchos casos se acompañe el término nuevo con su transcripción fonética, algo que sería completamente innecesario en español (¿Cómo se pronuncia geotérmico? Pues como se lee, nada más y nada menos).

Mi opinión en estos terrenos es que muchas veces pasamos por alto que, al hablar de lectura y libros, estamos entrando en un campo diferente: leemos con el cerebro, un órgano increíblemente flexible y poderoso. Y la lectura va más allá de la adquisición del lenguaje y su dominio. Si creemos que unos cuantos términos enrevesados van a frenar el avance de los niños, tenemos poca fe en sus cerebros en formación, y es probable que solo les hayamos ofrecido las herramientas para descodificar las sílabas y palabras y no para leer más allá de los textos, que es a lo que verdaderamente debe apuntar la lectura como habilidad.

El libro: Elin Kelsey, Clayton Hanmer (ilustrador), Not your typical book about the environment, Owlkid Books Inc., Toronto, 2010, que será publicado por Océano de México, probablemente bajo el título de Este libro sobre el medio ambiente no es como los demás.

3 comentarios en “El vocabulario en los libros para niños

  1. Muy interesante tu reflexión sobre el lenguaje “especializado” en otros idiomas en comparación con el espanol. En alemán pasa con frecuencia lo mismo que comentas sobre el inglés: un médico “otorrino” por ejemplo es un Hals-Nasen-Ohren-Artz = médico de garganta-nariz-oído; y en gramática un “sustantivo” es una Haupt-Wort = palabra principal.

    1. Gracias por traer a colación otros idiomas. Confieso que tras comenzar a escribir el blog me he sentido un poco restringida en cuanto a mi conocimiento de otras lenguas porque no me siento con libertad de especular más allá de la relación inglés-español. ¡Así que viene al dedillo tu comentario, Lucía!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *