Archivos de la categoría Reseña

Dos grandes del boom en versión gráfica

Pertenezco a una generación de colombianos que siempre ha tenido una relación difícil con Gabriel García Márquez. Somos contemporáneos de la publicación de los libros que levantaron su fama, y víctimas de la obsesión macondiana de los profesores de literatura en el bachillerato, al recibir el Nobel en 1982. No sé cómo serían las cosas entre los costeños, pero los del interior, y los bogotanos en particular, le guardábamos un tenue rencor adicional por la forma en que retrata a la ciudad y sus habitantes.

A pesar de eso, creo que todos los que nos lanzamos a escribir en la adolescencia pasamos por un coqueteo obligado con el realismo mágico garciamarquiano, con el desdibuje poético de Maqroll el gaviero, y la mayoría huimos corriendo de ese terreno. En muchas entrevistas, esos compañeros de generación que se hicieron escritores, sostienen que en su trayectoria literaria hicieron su camino procurando distanciarse de GGM, y algunos incluso se han referido al freudiano asunto de haber “matado al padre”. Mi opinión es que quizás no nos sentíamos como peces en el agua en esos macondos, sino repitiendo fórmulas, y ese estilo y esa mirada no nos permitían narrar lo que queríamos o podíamos narrar. En mi caso particular, casi todo lo que leí de GGM fue durante mi época de colegio. De ahí en adelante hice lo posible por evitarlo.

Admito que es muy posible que el resentimiento general haya estado avivado por las tendencias políticas de GGM, tan amigo de Fidel, tan cómodamente exiliado en México, tan amnésico a la hora de acordarse del pueblo de su infancia y tan presto a criticar la situación en Colombia. La combinación de esas cuatro cosas con seguridad le granjeaba odios y animadversión.

Y de repente, me enteré de que había muerto. Yo estaba presidiendo la división de traductores literarios de la American Translators Association, y me di cuenta de que tendría que escribir algo sobre él para la revista trimestral de la división.

Sigue leyendo Dos grandes del boom en versión gráfica

1491: memorial de agravios de una traducción descuidada

En una entrevista, un colega y amigo a quien admiro confesó que, al aceptar traducir una serie de novelas policíacas de corte comercial, había descubierto que traducir mala literatura no era más fácil que traducir buena literatura. Que estas novelas le habían tomado el mismo tiempo y esfuerzo que una novela con valor literario. He de reconocer que esto hizo que mi amigo subiera muchos puntos en mi admiración, pues sé de otros colegas que no necesariamente habrían actuado de la misma manera, irrespetando al autor y a los lectores de esos textos por considerar que no valía la pena el esfuerzo de hacer una buena traducción. La polémica se revive ahora con una vergonzosa entrevista a una periodista que se encargó de traducir una serie de novelas sobre La guerra de las galaxias, que descaradamente admite que no tenía ni idea del mundo de las películas cuando aceptó el trabajo y que no se molestó en documentarse porque “al final era literatura para niños”. No quiero ahondar en el asunto de esta periodista metida a traductora porque la sangre me hierve de solo recordar sus respuestas. Pero su actitud tan irrespetuosa puesta al lado de la de mi amigo me sirve perfectamente para reseñar la versión en español de un libro que, al momento de leerlo, también me hizo hervir la sangre. Me pareció que la edición en español había atropellado el original en inglés y, de paso, había pasado por encima del respeto a los lectores.

El libro (1491, Una nueva historia de las Américas antes de Colón) plantea una nueva mirada a la historia de las culturas del continente americano antes de la llegada de Colón y los IMG_20160219_154836585demás conquistadores, y supongo que fue un éxito de ventas en los Estados Unidos, que intentó replicarse en el mundo de habla hispana en 2006. Lo que se presenta en sus páginas es el producto de una investigación seria y sesuda, presentada en forma ágil, entretejiendo hilos comunes en la historia de las culturas de todo el continente, y retratando culturas precolombinas de las que nadie ha aprendido en las clases de historia del colegio porque los vestigios que dejaron se interpretaron de forma errada, y se midieron con parámetros que no les hacían justicia. A la larga trayectoria que tiene el autor escribiendo para medios de comunicación sobre la intersección entre ciencia, tecnología e historia, se suma el premio al libro del año, otorgado por la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos que recibió por 1491. Así que no era un libro cualquiera ni un autor cualquiera, y yo tenía buenas razones para que mis expectativas como lectora fueran altas.

Sigue leyendo 1491: memorial de agravios de una traducción descuidada

Kalandraka y los traductores invisibles

Kalandraka es una sonora palabra gallega que quiere decir basura, desastre y también sopa. Es también el nombre de una admirable editorial que comenzó publicando libros para niños en gallego, para llenar el vacío de libros ilustrados o álbumes para los más pequeños en ese idioma. Y tan bien le fue que a partir de su fundación, en 1998, se ha colado en el mercado del libro en español, en catalán y en portugués. Incluso, se han lanzado a aventuras tan increíbles como publicar clásicos modernos en lengua maya. Sus libros se consiguen en librerías de este lado del Atlántico también.

IMG_20151130_172341675

Yo los había visto en la librería para niños que frecuento, y luego los encontré en una venta organizada por una promotora de lectura en su casa. En ambos lugares me he visto en la difícil situación de decidir cuál comprar entre la muestra que veo… que si un clásico de Gianni Rodari, que si un cuento cargado de humor de un autor chino, que si uno de los muchos libros de texto breve e imágenes maravillosas de este boom de la ilustración que se vive actualmente en España, o uno de los recuperados libros en los que colaboró Maurice Sendak, que tras una primera publicación hace varias décadas, no habían vuelto a imprimirse. ¡Mi problema es que quisiera llevármelos todos! Como no puedo, suelo encargar a mi pequeño “catador” de libros de 4 años, y es él quien escoge.

Sigue leyendo Kalandraka y los traductores invisibles

De traducciones y rock progresivo: ¿Dónde está el lado oscuro? ¿Aquí o allá?

A veces un libro que leemos nos lleva a recordar algo que leímos antes, y ambos enlazan entre sí como si se hubiera planeado un vínculo expreso. En este caso, una novela sobre Pink Floyd me devolvió a una frase iluminadora que había subrayado al leer un estudio sobre la tradición traductora en la Argentina. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

Los lectores de este lado del Atlántico no podemos evitar hacernos una pregunta muy a menudo cuando leemos traducciones hechas en España: ¿Será que los traductores y editores españoles no saben que no entendemos partes de sus textos, y no por falta de cultura sino porque vivimos en un mundo diferente? ¿O será que lo saben pero no les importa? Durante años he abordado ese problema de las traducciones españolas en talleres y cursos, y he procurado exponer claramente mi contrapropuesta, que ha ido definiéndose mejor tras esas sesiones en el paredón. Prometo volver sobre este tema en otro post, pero ahora solo tomaré ese par de preguntas iniciales para saltar al asunto de las lecturas como vasos comunicantes. Debo aclarar que también he leído buenas traducciones españolas, pero que las que me producen incomodidad abundan y sus problemas son tan evidentes que cuesta creer que se hayan publicado y luego vendido en América Latina sin pararse a pensar dos veces en cómo las leemos aquí. En franco contraste con esa manera de traducir, la frase iluminadora de la que hablo me asaltó en medio del estudio “Escenas de la traducción en la Argentina”, de Anna Gargatagli: “El uso de un idioma impersonal para traducir, diferente de la escritura literaria o de los usos coloquiales implicó que la posibilidad de ser hondamente otro fuera el resultado de un intenso trabajo que sigue siendo hasta ahora la función de la literatura argentina”. Sería como decir que los traductores argentinos hacen su trabajo con la conciencia de que su habla personal, o nacional, no es la de ese género intermedio que es la literatura en traducción. Para esos textos hay que utilizar un vocabulario y un estilo nuevo, como Trad lit en Am Lat-G Adamocorresponde a obras extranjeras, que no por verterse al español tienen que domesticarse por completo. Cuando uno ha renegado leyendo traducciones españolas, esa frase lo lleva a pensar que ninguna de las muchas traducciones argentinas que han pasado bajo su mirada deja pasar un “vos” o un “che”. El reto de todo traductor literario es salirse de su voz, su léxico y su registro habitual para encarnar el original, y en la visión que da Gargatagli, ese reto parecería ser no solo el punto de llegada del proceso de traducción sino el propio punto de partida. Traducir dentro de esta tradición no es argentinizar ni “porteñizar”, en oposición a la tradición española que si “iberiza” sin recato, a pesar de que para una gran porción de los lectores de estos lares toparse con un “gilipollas” equivalga a encontrarse con un término en una lengua extranjera.

Sigue leyendo De traducciones y rock progresivo: ¿Dónde está el lado oscuro? ¿Aquí o allá?

Una novela gráfica sobre escritores y mis manías como traductora

Me pregunto si los libros que leemos en nuestra infancia temprana marcan de alguna manera el rumbo de las futuras lecturas. En mi caso, Tintín fue compañero de mis ratos de lectura de niña, antes de pasar a libros más densos en texto. Y quizás de ahí viene mi gusto por la novela gráfica. No puedo decir que sea conocedora y coleccionista enTamara Drewe-Cubierta ese terreno, nada más que de repente caigo flechada por alguno de esos libros de muchos monos y poco texto, y quedo enamorada. En Navidad recibí una de estas novelas de la que nada sabía ni tampoco recordé verla en los stands de la Feria del Libro, donde estoy segura de que mi marido la compró. No supe tampoco si me la regalaba por alguna razón en especial, como el tema o que hubiera leído alguna buena reseña. El libro, Tamara Drewe de Posy Simmonds, estuvo muy quieto en su estante de la biblioteca hasta hace unas semanas en que, buscando qué leer porque acababa de terminarme una novela, me la encontré y me lancé a sus páginas sin saber nada más. Y me atrapó de tal manera que lo devoré en tres sentadas, escamoteándole el tiempo al trabajo y al sueño.

Sigue leyendo Una novela gráfica sobre escritores y mis manías como traductora