Archivos de la categoría Traducción y bilingüismo

Cuatro Mosqueteras

A quienes llevan muchos años en su oficio a veces les preocupa el relevo generacional. Ya sea porque sientan que viene la ola nueva para empujarlos a los rincones más lejanos, o porque consideren que es su deber colaborar en la capacitación de los que vienen detrás. El sistema medieval del aprendiz y el maestro siempre me ha parecido más adecuado para el terreno de la traducción que el de profesor y estudiante típico de la universidad. Aprender a traducir requiere un trabajo minucioso sobre los detalles, un nivel de carpintería (o artesanía) que en el esquema universitario es difícil de alcanzar. Creo que por eso durante buena parte de mi vida profesional he dado clases, talleres sueltos, conferencias; he dirigido tesis y me he sentado a hablar con muchos traductores en ciernes.

Y suele suceder que en congresos, foros de discusión y talleres uno coincide con otras personas que piensan igual, y entabla un diálogo con ellas que a veces no pasa de una sabrosa y nutritiva conversación, o que se extiende al terreno de la diatriba o el desahogo intergeneracional. Y pocas, muy pocas veces, encuentra uno a alguien que pone la pelota en movimiento y lo que empieza como un va y viene amistoso acaba en una avalancha de planes y compromisos.

Hace unos meses, al volver de un congreso de traductores en los Estados Unidos, fui amablemente “reclutada” para formar parte del equipo a cargo de desarrollar un libro de redacción en español, y mi papel era buscar textos literarios, pero también no literarios, para mostrar la buena redacción en acción, la gramática vivita y coleando. Era un proyecto planeado fundamentalmente para el público hispanoparlante de los Estados Unidos, cuya formación en lengua española era una de esas preocupaciones de este equipo de traductoras veteranas. ¿Por qué? Porque muchas veces un dominio apenas mediano de una segunda lengua puede llevar a que alguien proclame que puede traducir, que es bilingüe y se defiende perfectamente en dos idiomas y sus respectivas culturas. Lastimosamente, en muchos casos, muchísimos, no es así.

Durante meses este colectivo, que terminó llamándose “Cuatro Mosqueteras”, se reunió virtualmente, afinó ideas, descartó facetas y opciones, y terminamos lanzando un blog con el objetivo de blandir la pluma al rescate de la buena expresión en español en los Estados Unidos.

Portada 4mosqueteras

Aquí encontrarán los primeros lances de estas espadachinas:  http://www.4mosqueteras.com/

¿Escribir en inglés o en español? He ahí el dilema

Paso mis días acaballada entre el inglés y el español, y no porque oiga música en inglés y vea televisión o películas con subtítulos, sino porque mi trabajo y mis gustos literarios, además de otras actividades extralaborales, implican leer en inglés, pensar en inglés y, en mucha menor medida, escribir en inglés.

En una época en la que la obsesión por la cantidad de público y la legión de seguidores que pueda uno llegar a tener, la idea de escribir este blog en inglés se me pasó por la cabeza. Así como también dudé de hacer mi perfil en LinkedIn en español. Solo que ahí le decisión fue más sencilla: cuando uno traduce libros al español, sus clientes suelen ser de habla hispana. No tiene mucho sentido figurar en inglés.

El blog vino un año después que la afiliación a LinkedIn, y la temporada que pasé dándole vueltas a la idea incluyeron el asunto del idioma. Algo que me llevó a pensarlo aún más fue haber colaborado en la tarea de recopilar un listado de blogs y páginas web de interés para traductores literarios de una asociación estadounidense. Como la lengua común entre todos ellos es el inglés, la mayoría de los que reunimos en el listado están en ese idioma, junto con varias revistas literaria electrónicas. Al visitarlos uno por uno para comprobar los enlaces, me quedaba leyendo un artículo aquí, una entrada allá, otra más allá, y me quedó una sensación difícil de definir: a pesar de que podía leerlos y seguirlos, su contenido no necesariamente me resultaba interesante, o pertinente. El supuesto impacto global no tiene que ver únicamente con el medio, sino también con el contenido. Contradiciendo a McLuhan, aquí el medio (el idioma) no siempre es el mensaje.

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