Archivos de la categoría lecturas

1491: memorial de agravios de una traducción descuidada

En una entrevista, un colega y amigo a quien admiro confesó que, al aceptar traducir una serie de novelas policíacas de corte comercial, había descubierto que traducir mala literatura no era más fácil que traducir buena literatura. Que estas novelas le habían tomado el mismo tiempo y esfuerzo que una novela con valor literario. He de reconocer que esto hizo que mi amigo subiera muchos puntos en mi admiración, pues sé de otros colegas que no necesariamente habrían actuado de la misma manera, irrespetando al autor y a los lectores de esos textos por considerar que no valía la pena el esfuerzo de hacer una buena traducción. La polémica se revive ahora con una vergonzosa entrevista a una periodista que se encargó de traducir una serie de novelas sobre La guerra de las galaxias, que descaradamente admite que no tenía ni idea del mundo de las películas cuando aceptó el trabajo y que no se molestó en documentarse porque “al final era literatura para niños”. No quiero ahondar en el asunto de esta periodista metida a traductora porque la sangre me hierve de solo recordar sus respuestas. Pero su actitud tan irrespetuosa puesta al lado de la de mi amigo me sirve perfectamente para reseñar la versión en español de un libro que, al momento de leerlo, también me hizo hervir la sangre. Me pareció que la edición en español había atropellado el original en inglés y, de paso, había pasado por encima del respeto a los lectores.

El libro (1491, Una nueva historia de las Américas antes de Colón) plantea una nueva mirada a la historia de las culturas del continente americano antes de la llegada de Colón y los IMG_20160219_154836585demás conquistadores, y supongo que fue un éxito de ventas en los Estados Unidos, que intentó replicarse en el mundo de habla hispana en 2006. Lo que se presenta en sus páginas es el producto de una investigación seria y sesuda, presentada en forma ágil, entretejiendo hilos comunes en la historia de las culturas de todo el continente, y retratando culturas precolombinas de las que nadie ha aprendido en las clases de historia del colegio porque los vestigios que dejaron se interpretaron de forma errada, y se midieron con parámetros que no les hacían justicia. A la larga trayectoria que tiene el autor escribiendo para medios de comunicación sobre la intersección entre ciencia, tecnología e historia, se suma el premio al libro del año, otorgado por la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos que recibió por 1491. Así que no era un libro cualquiera ni un autor cualquiera, y yo tenía buenas razones para que mis expectativas como lectora fueran altas.

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Kalandraka y los traductores invisibles

Kalandraka es una sonora palabra gallega que quiere decir basura, desastre y también sopa. Es también el nombre de una admirable editorial que comenzó publicando libros para niños en gallego, para llenar el vacío de libros ilustrados o álbumes para los más pequeños en ese idioma. Y tan bien le fue que a partir de su fundación, en 1998, se ha colado en el mercado del libro en español, en catalán y en portugués. Incluso, se han lanzado a aventuras tan increíbles como publicar clásicos modernos en lengua maya. Sus libros se consiguen en librerías de este lado del Atlántico también.

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Yo los había visto en la librería para niños que frecuento, y luego los encontré en una venta organizada por una promotora de lectura en su casa. En ambos lugares me he visto en la difícil situación de decidir cuál comprar entre la muestra que veo… que si un clásico de Gianni Rodari, que si un cuento cargado de humor de un autor chino, que si uno de los muchos libros de texto breve e imágenes maravillosas de este boom de la ilustración que se vive actualmente en España, o uno de los recuperados libros en los que colaboró Maurice Sendak, que tras una primera publicación hace varias décadas, no habían vuelto a imprimirse. ¡Mi problema es que quisiera llevármelos todos! Como no puedo, suelo encargar a mi pequeño “catador” de libros de 4 años, y es él quien escoge.

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Una novela gráfica sobre escritores y mis manías como traductora

Me pregunto si los libros que leemos en nuestra infancia temprana marcan de alguna manera el rumbo de las futuras lecturas. En mi caso, Tintín fue compañero de mis ratos de lectura de niña, antes de pasar a libros más densos en texto. Y quizás de ahí viene mi gusto por la novela gráfica. No puedo decir que sea conocedora y coleccionista enTamara Drewe-Cubierta ese terreno, nada más que de repente caigo flechada por alguno de esos libros de muchos monos y poco texto, y quedo enamorada. En Navidad recibí una de estas novelas de la que nada sabía ni tampoco recordé verla en los stands de la Feria del Libro, donde estoy segura de que mi marido la compró. No supe tampoco si me la regalaba por alguna razón en especial, como el tema o que hubiera leído alguna buena reseña. El libro, Tamara Drewe de Posy Simmonds, estuvo muy quieto en su estante de la biblioteca hasta hace unas semanas en que, buscando qué leer porque acababa de terminarme una novela, me la encontré y me lancé a sus páginas sin saber nada más. Y me atrapó de tal manera que lo devoré en tres sentadas, escamoteándole el tiempo al trabajo y al sueño.

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