Archivos de la categoría Bitácora editorial

En la vitrina más grande del mundo

Hay una ruta de bus en la Ciudad de México que recorre todo el Paseo de la Reforma, desde Santa Fe hasta la Villa (el santuario de la Virgen de Guadalupe). Y en esa ruta circula un vehículo que se ve así por detrás:

Descender-bus
Esa imagen es la portada de Descender[1] un cómic que traduje hace un par de meses, en compañía de Alfredo Villegas Montejo[2], veterano traductor de este género. Fue él quien me hizo llegar esta foto. Es la primera vez que la difusión de una de mis traducciones va Sigue leyendo En la vitrina más grande del mundo

Documentación para traducir: sobre deriva, buena mar y tesoros inesperados

Un comentario en un post anterior es la semilla de este post. Mi historial de traductora tiene una larga etapa en la que la documentación fue irrelevante. Traduje una buena cantidad de esos libros que en inglés se titulan X for dummies, y que en español quedaron como X para dummies (infortunadamente, pues yo hubiera preferido “para novatos” o “para primíparos”, ya que mucha gente solo ve la acepción de ‘dummies’ relacionada con ‘tontos’). Esos libros son una excelente base de documentación para traducir. Van explicando los conceptos, los términos, los fenómenos, de manera que la búsqueda de la palabra precisa en español es mucho más sencilla (y en una cantidad de casos uno ya la conoce). Muchos de los otros libros que he traducido requieren unas averiguaciones muy puntuales, relativamente sencillas. Así que cuando me enfrenté a la última novela que traduje, y me encontré con que había una trama paralela que sucedía en un barco pirata y que implicaría hablar de palos, velas y maniobras marineras empecé a sudar frío. A pesar de que fui furibunda lectora de Julio Verne, en especial de dos de sus libros muy marineros (Un capitán de quince años y Los hijos del capitán Grant), y de que gracias a un colega profesor y traductor que hacía presentaba problemas de traducción técnica con textos literarios entiendo que una novela puede tener sus visos de traducción técnica (y no solo las de ciencia ficción), me aterró entrar a terreno desconocido.

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Sobre el silencio de este blog

Semana tras semana me pregunto por qué no encuentro las horas necesarias para escribir una nueva entrada. Hoy recibo un paquete de la editorial para la cual traduzco, y de repente entiendo…

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Efervescencia traductiva, o de la traducción como partido amistoso

En los últimos meses me vi bajo un alud de trabajo y compromisos que me impidió seguir adelante con este blog, pero hubo un momento en que casi recorto mis ya escasas horas de sueño para escribir una entrada. Estaba en las últimas páginas de un proyecto y, por la premura de terminar, alternaba la traducción de los últimos capítulos con la revisión de lo que ya había hecho. Me había costado empezar la traducción porque en la novela se intercalaban dos narradoras, compañeras de clase: la principal, que era una niña introvertida, de esas que no llaman la atención entre el resto, pero que no carecía de cierto atractivo e ingenio. En otros términos, una persona del común, con la cual un lector podía identificarse fácilmente. La otra había sido su mejor amiga durante años pero luego se habían distanciado. A pesar de tener la misma edad, la amiga era una veterana de la vida, más arriesgada y exuberante, ruidosa, y había pasado por muchas más experiencias relacionadas con esa sucesión de rituales de paso que es la adolescencia… las enemil primeras veces que enfrenta uno durante esa etapa. A esta otra chica me costó más darle voz. Para agregar un nivel más de dificultad, al leer el texto uno sabía quién hablaba. No era cuestión de una serie de párrafos donde el nombre de cada una cumplía con etiquetar la voz, sino que verdaderamente se oía la diferencia entre una y otra, producto de un concienzudo trabajo de construcción de personajes. Además la protagonista admitía que cuando estaba con su amiga se comportaba y hablaba de otra manera, que ella le desataba reacciones, respuestas rápidas e ingeniosas, que de otra manera su timidez habría mantenido ocultas. Por eso, era fundamental que hubiera algún grado de contraste entre las dos, no solo para distinguirlas una de otra sino también para que se viera este cambio en la protagonista.

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Traductores y correctores: bandos enfrentados

Pareciera que no hay dos bandos más opuestos y beligerantes que el de los traductores y el de los correctores. Cual Montescos y Capuletos, unos y otros se culpan entre sí por todos los males que puedan existir en ese mundo que es el texto. Y son capaces de rechazar una buena solución simplemente por provenir del bando contrario.

Pero a diferencia de los Montescos y los Capuletos, que llevaban su vida y sus negocios cada cual en su terreno en forma paralela, traductores y correctores participan en el mismo proyecto y su objetivo es, en últimas, es mismo.

La situación se vuelve aún más paradójica si tenemos en cuenta que, en una buena cantidad de casos, los traductores y los correctores son intercambiables: quien traduce en este proyecto, corregirá en el siguiente. Al menos es así en el trabajo con agencias, y también en algunas editoriales que tienen establecida la etapa de revisión de traducción dentro de sus procesos.

¿Qué lleva a que una misma persona cambie su actitud de tal manera, según tenga una función o la otra? Pareciera haber una necesidad de encarnizamiento con la etapa que no nos asignaron, ya sea la que viene antes o después.

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