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XXI Congreso Internacional de Traducción e Interpretación “San Jerónimo 2017”

Este anuncio es una excepción anual en este blog, y se debe a que a este congreso le dedico alma, vida y sombrero desde hace ya varios años. Con esta convocatoria, empieza la cuenta regresiva para la conformación del programa de ponencias, que tendrá su versión definitiva para finales de julio.

CONVOCATORIA PARA PONENCIAS

XXI Congreso Internacional de Traducción e Interpretación San Jerónimo 2017

La mente expandida: traductores en continua actualización

25 y 26 de noviembre de 2017

Guadalajara, Jalisco, México

Este año, el congreso anual de la Organización Mexicana de Traductores (OMT), Capítulo Occidente, se celebrará los días 25 y 26 de noviembre en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), y estará dirigido a los miembros de la OMT principalmente, y a la comunidad de traductores e intérpretes en general.

El objetivo del congreso desde sus inicios ha sido el de servir como espacio para la actualización y el perfeccionamiento de traductores e intérpretes, y a la vez como foro para la reflexión sobre diversas cuestiones de orden práctico, educativo, laboral y de reconocimiento social de la profesión.  Cada año, 250 asistentes se dan cita alrededor de conferencias, talleres y sesiones didácticas a cargo de un grupo de ponentes dispuestos a compartir puntos de vista, experiencias y conocimientos especializados sobre el campo de la traducción y la interpretación. Desde que lo acogió la FIL como parte de sus actividades académicas,  hace ya diez años, el congreso se convirtió además en una oportunidad para establecer contactos y explorar terrenos profesionales para los traductores en el entorno de la Feria.

El tema central de 2017 será “La mente expandida: traductores en continua actualización”, y a partir de este proponemos como posibles puntos de interés y debate: opciones para la actualización de traductores, la relación entre capacitación y calidad; la enseñanza de la traducción; la relación entre teoría y práctica; formación en el oficio y en el negocio; educación formal, educación continua y disciplina personal; el oficio y terrenos afines a la traducción; sin dejar de lado otros temas de permanente interés como la tecnología al servicio de traductores e intérpretes; la traducción en medios audiovisuales, digitales y nuevas fronteras; la traducción e interpretación en terrenos especializados; historia de la traducción; traducción y bilingüismo; lenguas minoritarias, etc.

Las personas interesadas en presentar su propuesta deberán enviarla a través del formulario en línea que se encuentra en este enlace (tendrá acceso al pegar el enlace en la ventana del navegador): https://goo.gl/forms/9HvcRRi6QzXHObYS2. Se recibirán propuestas para dos formatos diferentes de presentación: ponencia de 45 minutos o taller de 3 horas (los talleres se realizarán el sábado 25 de noviembre en la mañana, o en los 2 días siguientes al congreso). Las ponencias podrán presentarse en español o en inglés. La fecha límite para la recepción de propuestas es el 19 de junio de 2017. El dictamen del comité se dará a conocer a finales del mes de julio. Los ponentes aceptados recibirán, por cuenta de la FIL, tres noches de hospedaje con desayuno incluido y acceso ilimitado a la feria del libro más importante en lengua española. La Organización Mexicana de Traductores cubre los gastos de su inscripción.

Para mayor información sobre el envío de propuestas y la participación como ponentes, favor de escribir a omt.fil.ponentes@gmail.com.

Para mayor información sobre el congreso en general, favor de escribir a congreso.omt.fil@gmail.com.

Notas varias:

  1. A quien esté interesado en reseñas del congreso, lo invito a leer estos blogs de colegas que asistieron el año pasado:

2. Quien quiera tener una idea más clara sobre los parámetros que tiene en cuenta el             comité evaluador de propuestas puede leer una entrada anterior de este blog: De Olimpiadas y congresos

 

El tiempo no alcanza para todo

En los últimos meses, el tiempo para escribir ha sido escaso. Casi todas mis horas estaban comprometidas con otros proyectos que no podía aplazar. En el otro blog en el que participo, publiqué esta entrada sobre el oficio de traducir, que puede ser pertinente para quienes visitan o siguen este blog.

Este es el enlace: “El oficio de traducir” en Cuatro Mosqueteras.

En noviembre estaré participando en dos congresos. En uno de ellos, dando una ponencia a dos voces sobre traducción de libros para niños y la paradoja de irse a los extremos de libertad en la traducción precisamente para conservar la fidelidad al original (Ver http://www.atanet.org/conf/2016/byspecial/#L). En el otro, durante la Feria del Libro de Guadalajara, FIL, estoy en el comité organizador, y llevaré la batuta de unas cuantas intervenciones sobre traducción literaria y de libros en general (Ver programa San Jerónimo 2016).

De Olimpiadas y congresos

Esta temporada de competencias olímpicas coincidió con la etapa de estructuración del programa de talleres y sesiones del congreso anual de la Organización Mexicana de Traductores, OMT, de cuyo comité organizador formo parte de manera intermitente desde 2008. Y a lo largo del proceso de selección de propuestas, de redacción de los mensajes de respuesta a quienes habían enviado sus ponencias, y de clasificar temas e intereses en bloques para conformar el programa, pensé muchas veces en las similitudes entre “competir por un lugar en el programa de un congreso” y competir por una medalla olímpica”. Más que similitudes veo diferencias, y me parece que vale la pena dedicarles un espacio pues no son tan evidentes. Escribo esto en mi papel de traductora interesada en el desarrollo de la profesión (y el mío propio), convencida de la importancia de tejer redes entre colegas y mantenerse actualizados, y con muchas de las inquietudes que me han quedado tras impartir cursos, talleres y conferencias de traducción durante más de 15 años.

Volvamos al punto de partida: las Olimpiadas se rigen por el lema aquél de “más rápido, más alto, más fuerte”, y muchos creen que sucede lo mismo al enviar una propuesta a un congreso. Que saldrá elegido quien apunte más alto, quien abarque más terreno, quien muestre más pergaminos y logros o instituciones y honores, quien se meta en las honduras metafísicas de la traducción, o el que asegure tener la solución para que la traducción funcione como medio rentable de vida. Sin embargo, en estas eliminatorias por obtener un puesto en el programa, algunos de esos aspectos pueden pasar a segundo plano. Es cierto que la calidad es algo que no podemos perder de vista, que el comité de selección busca en las propuestas señales de excelencia y que tratamos de confirmar que quien propone tenga el dominio suficiente del tema y una perspectiva amplia de este. Pero eso no es todo.

SJ2016Este año, de las cincuenta y seis propuestas recibidas, una gran mayoría llenaban los requisitos mínimos de calidad. Y es ahí donde la selección deja de ser una eliminatoria olímpica para parecerse más a la labor del curador o comisario de una exposición, o a la que llevan a cabo un chef y un sommelier para planear en conjunto el menú de un banquete. Aquí es donde entran en juego las afinidades entre propuestas, o la manera en que dos o más muestran perspectivas diferentes o complementarias de un mismo tema. Habrá congresos en los que se privilegia la variedad por encima de todo, y el programa reúne la mayor cantidad de temas posibles, en todos los niveles de especialización. En el de la OMT el programa se estructura en bloques temáticos que dan cabida a dos o tres ponencias con un hilo o tema en común. Así, este agregado de perspectivas brinda más elementos de juicio y argumentos para abrir el debate. A veces se ha recibido una propuesta buena pero solitaria en su tema y enfoque. A menos que encontremos una línea así sea tangencial para relacionarla con otra ya aprobada, la descartamos a la espera de que en una edición siguiente del congreso pueda “emparejarse” con otra, y hemos llegado a contactar de nuevo a algunos de estos proponentes, para un congreso posterior.

Quizás valga la pena hacer otra aclaración: a diferencia de un congreso académico, con ponencias de veinte minutos de duración en las que los investigadores exponen sus hipótesis o sus avances, el de la OMT es un congreso de actualización profesional. Cada ponencia se asemeja más a una clase de cuarenta y cinco minutos, en la que se aborda un problema y se discuten sus posibles soluciones. Este formato de tiempo ha permitido que se hable de herramientas de traducción, de la situación de grupos de traductores o intérpretes específicos, de desarrollos en los métodos de enseñanza, de figuras y hallazgos en la historia de la traducción, de aplicaciones de la teoría, etc. Suele haber también una o dos mesas redondas en las que dos o más traductores debaten un tema, y hemos tenido desde problemas de traducción literaria, cuestiones pedagógicas, hasta contrastes entre leyes de protección al traductor. Por lo tanto, las propuestas que se restringen al formato de veinte minutos suelen ser descartadas, a menos que se encuentre la manera de que pasen al terreno de la aplicación práctica. ¿Cuál es la razón para justificar todo esto? Al ser el congreso de una asociación profesional de traductores e intérpretes, lo que prima es que los asistentes saquen provecho directo para su ejercicio profesional, su forma de vida y la imagen pública de todos los que nos dedicamos a estos oficios.

Por esa misma razón, la pertinencia de una propuesta es esencial. Ha sucedido antes, y este año también, que llega una propuesta de calidad pero cuyo tema está tan alejado del terreno de trabajo habitual de los traductores en México que el comité vacila. A veces, se aceptan para abrir los ojos a nuevas perspectivas. Otras, cuando la cantidad de propuestas pertinentes alcanza para copar el programa, se rechazan. Fue lo que vimos este año con dos temas de los cuales recibimos varias propuestas: la interpretación en el contexto de los servicios de salud y la traducción de teatro. De ambos llegaron suficientes opciones para conformar un bloque temático. Sin embargo, ese campo específico de la interpretación parece ser escaso en México (aunque no debería serlo, pues seguramente habría mucho que aprender y aplicar en zonas con alta densidad de población indígena, pero eso ya daría para otra entrada aparte). Y en cuanto a las propuestas de traducción de teatro, encajaban mejor en un congreso de literatos o de estudios culturales pues tenían que ver más con aspectos relacionados con el teatro traducido, o con la traducción como metáfora para el montaje.

Otro aspecto importante es la relación del tema de la propuesta con el del tema central del congreso. A veces hay propuestas que se ven claramente diseñadas a partir del tema central planteado. Y hay otras que reciben un leve barniz en el título, para encajar, pero al leer el cuerpo de la propuesta, se nota que no hay nada detrás. No es un criterio a rajatabla para descartar opciones, pero sí se privilegian las ponencias que sí se ocupan del tema central.

En forma paralela a todo este proceso de selección de año tras año, también me complace decir que hemos pretendido “hacer escuela” para conferencistas, y de entre el público han salido propuestas y nombres que luego han sido presentadas en este y otros congresos. No es fácil tener más de veinte caras nuevas de año en año. Hay personajes que vuelven regularmente, reincidentes ilustres. Pero también hemos tenido colegas que empezaron viniendo como asistentes, y que con algo de estímulo y persuasión se lanzaron a compartir sus experiencias y reflexiones como ponentes. Incluso hemos tenido estudiantes recién graduados que venían a exponer su tesis  de pregrado, con conclusiones interesantes sobre procesos de traducción o condiciones del oficio. Mientras la perspectiva sea novedosa, esté bien construida, y de pie a una reflexión pertinente hay cabida para todo.

Aunque así como se ha mostrado un horizonte abierto para recibir propuestas, hay un campo en el que siempre han resultado rechazadas, y siguen viniendo: el de la enseñanza o adquisición de idiomas. Si bien la traducción se basa en el dominio de más de una lengua, para un traductor profesional el asunto de cómo adquirir o enseñar una lengua extranjera es ya una prueba superada y no le compete para su ejercer su trabajo. Desde un punto de vista estrictamente personal, me da gusto ver que de año en año surgen experiencias pedagógicas en las que la traducción es una herramienta de aprendizaje de una lengua, porque creo que el contraste que se crea entre ambas a través de la traducción contribuye al fortalecimiento y diferenciación de las dos y forma una buena base para un traductor, pero es un interés mío que no considero que haya que imponerle a mis colegas.

De manera que el papel del comité evaluador al seleccionar las propuestas es bien diferente del que desempeñan los jueces en las Olimpiadas. Hay más variables y factores en juego, y su peso específico no es absoluto. Cada integrante del comité analiza las propuestas individualmente, y luego confronta sus puntos de vista con los de los demás. Casi siempre, esta puesta en común ha enriquecido el panorama al defender aspectos de determinadas propuestas que no todos los miembros del comité veían con claridad, y permite armar mejor el programa.

El de este año, que corresponde a la edición número veinte del congreso, puede consultarse aquí, en la página web de la OMT, o en el sitio web de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, FIL. Es el producto de la cosecha de propuestas de este año, sumada a la búsqueda deliberada de ciertos nombres que, o bien ya han participado y dejaron una buena impresión, o prometen hacer una contribución importante a la comunidad de traductores e intérpretes en México. En últimas, ese es el fin del programa y del congreso: una invitación a la reflexión sobre la manera en que trabajamos y abordamos los problemas que enfrentamos, y la proyección hacia el futuro cercano, con nuevas posibilidades en alguno de los muchos frentes relevantes para el oficio de traductores e intérpretes. Porque en nuestra vida profesional la competencia no se da en los encuentros, sino que es parte de la vida cotidiana. Nuestra carrera profesional es una maratón que corremos durante años. Y este congreso, así como la posibilidad de conocernos y apoyarnos entre colegas, sirve para que podamos correr a buen ritmo y llegar a la meta sin desfallecer y retirarnos.